Tanicha López: “Para aprender a cantar, se necesita aprender a vivir”
Hay quienes dicen que el que come callao’, come dos veces. Se dice, típicamente, de las personas que no necesitan hacer alardes ni presumir sus habilidades o circunstancias personales. La discreción ante todo. Pero, para Tanicha López, el popular refrán también es la ocasión ideal para celebrar el humor y la picardía caribeña.
Su nuevo sencillo “El que come callao’” es, además, una invitación abierta al gozo colectivo, a bailar pegaíto y a reírse de las complicidades. El tema es un guaguancó que López compuso junto con Andrés Pérez, su manejador y CEO de Mandala Entertainment.
“Este guaguancó es especial para mí. Es una oda a la comedia caribeña en donde se elogia esos matices subterráneos. Alude al mundo sensual, romántico y amoroso”, comenta.
El vídeo musical, grabado en México y dirigido por Margarett Álvarez, presenta a la cantante como una chef enredada en un romance secreto. Tanicha se mueve entre los rincones de la cocina industrial con la misma soltura y pasión con la que habita el escenario. Esta vez se atrevió a expandir su faceta de bailarina, mostrando que su arte nace del mismo impulso que guía su formación y su curiosidad constante: la necesidad de explorar.
La voz como instrumento
Tanicha es una estudiante ante todo. Desde sus inicios en la Escuela de Bellas Artes de Carolina hace más de 15 años, su hambre por el conocimiento es insaciable. Llegaba temprano para colarse en clases ajenas, metiendo la cuchara en música, dibujo, baile y teatro. No había rincón del arte que no quisiera probar.
Durante este tiempo se sumergió en el trabajo de maestros como Eddie Palmieri, Héctor Flores, los Hermanos Marcano y Richard Trinidad. Descubrió que cargaba su instrumento en las entrañas: su voz. Su primera maestra de canto, Damaris Rivera, la encaminó a conectar con la corporeidad que define a las mejores cantantes.

Para Tanicha, cantar no es solo el acto de entonar y flexionar sus cuerdas vocales, sino de encarnar la sonoridad y atmósfera de la música. Entrenar su instrumento ha sido más un resultado de las vicisitudes de la vida que un régimen estructurado.
“Para aprender a cantar, se necesita aprender a vivir. Atreverte a vivir, a sentir, a sufrir. A ser instrumento para otras personas, para otros mundos, para el tuyo”, reflexiona.
La improvisación, la raíz de todo
Cantar, dice, exige vulnerabilidad: abrirse al escenario con la piel y el espíritu expuestos. “Un verdadero cantante es aquel que se atreve a verse feo, a verse raro. A sentirse extraño. A sentirse desnudo. Es aquel que se atreve a estar desnudo espiritualmente y que lo haga como quiera y que cante con atrevimiento”, sincera la artista.
El atrevimiento es quizás la palabra que mejor define su carrera. Atreverse a intentar nuevos relieves musicales y zambullirse en experiencias desconocidas. De ahí brota también su amor por la improvisación.
La improvisación es el hilo que mantiene su obra versátil. Su repertorio va desde colaboraciones con Jonathan Suazo y Cultura Profética hasta proyectos experimentales como Afrocustics, junto a su colega Black Rhythm. Para ella, improvisar es la raíz de su valentía artística: le permite abrir caminos musicales con onomatopeyas, significados mínimos o una emoción repentina.
Gran parte de esa libertad la encontró en el jazz y en el scatting —la técnica vocal de improvisar con sílabas o vocales que imitan un solo instrumental. “A la hora de improvisar, he sabido tener que acudir a la información física. Hay información que el cuerpo nos da para poder traducir eso rítmicamente con la voz. El scatting me permite explorar la melodía y el ritmo, es una experiencia mucho más libre”, comparte.

Hoy, una década dentro de su carrera, Tanicha se pregunta: “¿Quién soy sin la improvisación?” Esa es la frontera a la que se enfrenta mientras trabaja en lo que será su primer álbum. Después de años de preparación, ahora cuenta con la libertad y los recursos para sumergirse en un proceso que tantos artistas sueñan con tener.
Sin embargo, la cantante no esconde su preocupación en torno a la situación económica que viven muchos artistas independientes en Puerto Rico. “El estatus económico del artista es pobreza”, afirma. Argumenta sobre la necesidad de crear estructuras que le ofrezcan una red de seguridad económica y laboral a una clase trabajadora que tanta atención trae al archipiélago.
Por eso no se apresura. Su enfoque es crear un disco del que se sienta orgullosa. “Me gustaría pensar que un proyecto completamente mío tiene cualidades que protegen la autenticidad que yo siempre he tenido a través de los años. Que proteja la diversidad y versatilidad vocal de la cual soy partícipe y soy capaz”, cuenta la artista, quien en abril cantó junto con el intérprete canadiense Shawn Mendes en su concierto en el Coliseo de Puerto Rico.

Hoy, Tanicha López se sitúa en un momento peculiar de su carrera. Se sostiene con la confianza y madurez de una artista que ha experimentado cada espacio de la industria. Al mismo tiempo, su curiosidad característica la mantiene cuestionando sus intenciones, su norte, sus deseos. Su arte exige tanto de ella como de las estructuras que sostienen la música. Sabe que aún tiene mucho más que ofrecer.
Esa es su promesa: más exploraciones, más música. Siempre ella.
“En el momento en que yo sea íntegra con lo que yo quiero, el público estará satisfecho y se sentirá orgulloso. Podré tocar corazones de gente que no se ha sentido entendida o podrán saborear un nuevo ritmo. Un ritmo que les gusta a través de mi voz. Cualquiera que sea lo que los conecte a mí. Pero será real, será genuino”.
