Andrea Cruz y de cómo quererse con todo y heridas
A tres meses de lanzar su nuevo disco, el cuerpo de Andrea Cruz empezó a enviar alertas. Primero fue un malestar en el estómago y después el desgano. Fue como si el cuerpo le pasara factura luego de dos años de escritura y composición a corazón abierto. Porque no fueron dos años cualquiera.
En ellos hubo que explorar duelos, relatos de rupturas y otras tantas fisuras. De meterse en el río a pesar de la crecida. De mirarse, de verse en pedazos y de seguir caminando entre el dolor y la creatividad. En fin, de darse por completa a las canciones.
“Eso me acuerda a Julieta Venegas y a Devendra Banhart que dicen que uno muere en cada disco”, suelta la cantante mientras conversamos en una de las salas de la Casa Histórica de la Música en Cayey.
El resultado de esos dos años intensos es Bienquererse, el cuarto y más íntimo disco de la cantautora nacida en Aibonito.
En esta producción sigue llevando las señas arraigadas al folk, envuelto en una estética íntima y mellow. Las guitarras siguen siendo el centro, aunque esta vez se entrelazan con toques sutiles electrónicos, de secciones de cuerdas y vientos.

“Queríamos regresar un poco al tema de la intimidad [en el sonido]. Obviamente, está en las temáticas, está en la escritura y está en lo que estamos contando, pero quería que también estuviese en los arreglos”, explica.
Pero también es un álbum que mira de frente a la fragilidad del amor, los desencuentros, las distancias, lo colectivo y lo cotidiano. Hay melancolía, conflicto y crudeza, pero también hay transformación y amor.
Y es que para (bien) querernos, hace falta también enfrentar las heridas abiertas y nombrarlas cuando toca. Pero, más que todo, es un álbum de resistencia en un mundo al borde del colapso.
Cuenta que lo más que le gusta del álbum es que no va por la línea del autocuidado, sino que permite sentir el dolor sin filtros.
“Es poder estar mal, es poder atravesar las angustias, las tristezas, los duelos, las despedidas, lo duro de este momento histórico que estamos viviendo”, confiesa la artista, quien presentará las canciones del nuevo álbum el próximo 23 de agosto en el Parque de la Abolición, en Ponce.
“Décima”, por ejemplo, es una canción que habita la fragilidad del querer. Es una carta de despedida a un amor que, pese a que no duró, dejó una huella. “Sé que esto te dolerá/Y habrá que aceptar/Las cosas que no pasarán/Y serán solo canción”, canta Cruz en el tema que interpreta junto con el cantautor chileno Vicente Cifuentes.
Para la artista, en canciones como estas no se trata tanto de buscar sanación, sino simplemente de expresar lo que siente. “Está muy de moda ahora que todo es una cosa de sanación. Cuando, el cuerpo, de por sí, va en una completa decadencia. No vamos a poder, en ningún momento, ir en contra de eso”, asegura.
En “Bienquererse”, tema que da el nombre al disco y que interpreta junto al chileno Benjamín Walker, la artista expone cómo el (bien) quererse también puede habitar en las grietas. “Algo que nos enseña mucho, o quizás nos da una muestra de cómo nos queremos, es justamente cuando nos quebramos. Ahí es cuando, en ocasiones, vemos cuáles son esas herramientas que tenemos, adónde vamos cuando nos pasan estas cosas desastrosas”, reflexiona Cruz.
En el disco también están las apuestas por acortar distancias físicas, como en el tema “Desde acá”, que canta con el dúo Yorka. En canciones como “Anidar” también explora esa necesidad de llegar a espacios seguros.
Duelos que se vuelven canción
Pero también están esos (desen)encuentros con lo social, lo colectivo. En “Me opongo”, uno de los anticipos del disco, Andrea canta sobre el rechazo a tradiciones e ideas que oprimen, en especial en medio del aumento del discurso fundamentalista en Puerto Rico.
Y luego está “Si no sangran”, a dúo con Lorén Aldarondo, vocalista de la agrupación isabelina Chuwi. Las armonías de ambas cantantes hacen que la canción se te meta en los huesos y te estremezca.
Desde su silla en esta salita en Cayey, Cruz se conmueve con tan solo preguntarle sobre ese tema. Y es que es un vínculo entre ambas cantantes que nació en medio del duelo tras el fallecimiento de sus respectivas abuelas. Hace dos años, durante una presentación de Chuwi en La Respuesta, Aldarondo invitó a Cruz a cantar el tema “Señorita”, un homenaje a la memoria de la abuela de la isabelina.
Un tiempo después, volvieron a coincidir.
Esta vez las unió la dificultad por apalabrar algo. En el caso de Cruz, una infección le secuestró la garganta. “Cuando se la propongo a ella [Aldarondo], fue un momento superemotivo para ambas y lo más bello de la canción es que fue grabada completamente en vivo: ella en un cuarto, yo en otro, con el estudio completamente oscuro”, relata.
Andrea recuerda lo mucho que la conmovió esa colaboración. Habla de esas palabras que, a veces, se quedan atoradas, que no logran salir y “se vuelven una infección”. Reconoce que esa carga emocional, sumada a todo lo que atravesaba su compañera, fue lo que terminó de unirlas como cantantes.
En lo que parece ser el clímax sonoro del disco, llega “Siento miedo”, donde la voz de Cruz cautiva y, a la vez, te estruja el alma. Reflexiona sobre los miedos a repetir conductas, ya sea en el plano familiar o social. En “Dejarse ir”, Cruz retoma las despedidas y, acompañada del grupo Quimera, desata una canción casi celestial que abre la ventana para que aquello que fue “coja vuelo”.
Los simbolismos que aborda la cantautora, especialmente aquellos que exploran las delicadezas de las relaciones, tanto románticas y familiares o sociales, no terminan en la música. En esta ocasión, la carátula del disco muestra por primera vez , a Rafa Rivera, compañero musical de Andrea Cruz por casi una década.
Ha sido productor y arreglista de sus obras discográficas. En “Tal vez hoy sí”, es precisamente Rivera quien protagoniza el vídeo musical de una canción que transita la urgencia del tiempo y que lanza un reclamo por vivir lo cotidiano.

Para Andrea, el disco evidencia la complicidad que se logra incluso cuando se atraviesan momentos difíciles.
“A pesar de que una estaba atravesando todas esas situaciones, de cierta manera, Rafa estaba ahí. Y también, luego de 10 años de trabajo, él y yo, como colegas de trabajo, hemos sufrido muchos cambios, como todo tipo de relación”, reflexiona.
Al final, Bienquererse es un trabajo discográfico que reivindica el valor humano. El dolor, las heridas y el amor sentados en la misma mesa. Es hacer la paces con caminar junto a esas angustias y habitarlas desde lo colectivo. Es rechazar la noción de ese amor propio en aislamiento.
Es un disco que, mientras el mundo convulsiona, apuesta a remendar esas fisuras desde lo colectivo. A caminar y (bien)quererse con el corazón abierto.
